domingo, 23 de abril de 2017

TRAS LOS PASOS DE WINSTON MORALES CHAVARRO




Tras los pasos de Winston Morales Chavarro
Emilio Cabarcas Luna




El mito y mujer que es Aniquirona, se encuentra resuelto sobre lo que parecen ser los iris de color verde del poeta. Tras auscultarle la vista por 20 minutos exactos en la agitación de un pasillo extensísimo, mientras cuestiono al ser que es Winston Morales Chavarro, no he podido determinar bien el color de las luminarias que son sus ojos, del alma virtuosa que traduce palabras efímeras, en presagios eternos.

Ya fuera del debate que se me ha generado al tratar de precisar la escala cromática de las pupilas del creador de La dulce Aniquirona, debo decir que pocos hombres hay como este huliense de 47 años, quien es para juicio de este escritor, uno de los poetas de mayor trascendencia de la historia reciente colombiana. La sensibilidad que trae consigo desde el vientre materno, de donde él dice haber arraigado profundamente el respeto y afecto por las otredades, es sin lugar a dudas, la marca que lleva impresa este personaje que pulula entre las letras y el amor.




Este humanista, además de ser un maravilloso novelista, profesor y poeta, es un ser virtuoso que ha encontrado en sus episodios de trascendencia onírica, a su musa, a la fuente que ha inspirado desde 1990, las historias que han sido merecedoras de múltiples reconocimientos nacionales e internacionales.  Pero ella, la mujer que deambula por los parajes recónditos de Schuaima, más que musa, más que ensoñación, es un ser de luz que ha dividido la vida de Winston en un antes y un despúes.

Ella es su voz, la premonición ecuánime de su existencia. Apareció para cuando el poeta rondaba los 24 años. Aniquirona es para winston Morales lo que Mirtho para Geral de Nerval, el fiero Pausílipo, brillante de mil fuegos. De este último poeta, ha bebido Winston, a quien siempre le atrajo lo oculto, lo esotérico. Por tanto, es lógico que en sus incursiones literarias, haya sido tocado por autores como William Blake o Amado nervo, quienes terminaron por aflorar con sus discursos metafísicos,  el fruto sembrado por el destino en los genes del poeta colombiano. Son precisamente esas visiones obscuras, góticas,  de melancolía permanente, las que han forjado al valiente escritor que es hoy, hijo adoptivo de la heroica.




Entre tanto, la vida del autor de magistrales obras como dios puso una sonrisa sobre su rostro,  ha estado marcada por encuentros inexplicables. Para cuando tenía seis años, en una de esas habituales noches opitas, el pequeño Winston se levantó a mitad de la noche alborotando el silencio de la alcoba matrimonial, en la que dormia abrazado por la compañía de sus padres Alfredo Morales y Amparo Chavarro. Al despertarse intempestivamente del sueño cargado entre las pupilas, advirtío la presencia de un gato negro que bebía directo de la vasenilla, los orines frescos liberados de entre los vericuetos del bajo vientre. El gato, la intrusa mancha negra, ya había sentido, como una suerte de prestidigitador, la mirada del primogénito de los Morales Chavarro. El ladronzuelo de orines ajenos, prosiguió en una escalada sigilosa hacía la cocina de la casa que albergaba al futuro poeta, y tal y como si se tratase esto de un relato de Allan Poe, el animal al que perseguian los confusos ojos del niño, se adentró por la cañería que disponía la cocina para evacuar la suciedad líquida. Así, sin decir más, sin un solo maullido, sin una sola mirada de oscuros procederes, se hundió el  eclipsado felino en las cañerías de aquel lugar. Tal vez, siguiendo a cabalidad la creencia Poeliana, aquel gato negro, no era más que una bruja metamorfoseada.

De este modo, visión a visión, palabra a palabra, fue creciendo quien en la actualidad vive en Cartagena de indias y oficia como profesor en la universidad que lleva el mismo nombre de la ciudad en la que reside hoy.




No obstante, aunque extraña las calles y esquinas de su natal Neiva, ha encontrado en medio de las complejidades de una ciudad desorganizada, caotica y desmandada, un terruño en el que su voz interior brota y desborda como los ríos en los que La Dulce Aniquirona se baña.

Esa es la vida del poeta, quien es poeta no porque escribe, sino que es poeta por como vive, afirmado en convicciones altruistas y una perspectiva alegre sobre la existencia. Asimismo, cree al igual que kapuscinski, que el escritor no puede ser mala persona. Y es que es notorio que Morales Chavarro antes que buen escritor, es una buena persona. Basta solo con mirarle la sonrisa genuina para saber que un tipo de tan honestas facciones, no guarda el más minimo ápice de maldad humana. Es este mismo proceder humano, el que le ha llevado a convertir sus pensamientos misteriosos en selectas obras como: Memorias de Alexander de Brucco y De Regreso a Schuaima.







Este sujeto singular, ganador del  IX Bienal Nacional de Novela José Eustasio Rivera, es tambien, autor del libro A donde van los días transcurridos.  En este, su más reciente ejemplar, la muerte, la vida, la futilidad y la impermanencia, son el sentido fundamental de su obra. Ya con las canas escapandosele de entre los negros cabellos, las preocupaciones y las vicisitudes de la vida, parecen cobrar una importancia relevante para el escritor que ve como con el paso de los años, retrocede en una busqueda existencialista sobre la realidad, misma realidad que experimentada a través de una visión dolorosa de la mortalidad y la trascendencia, todos parecemos compartir.

Este es Winston Morales Chavarro, el ser, poeta y escritor que ha enamorado a Colombia con la delicia y la profundidad de sus palabras.




sábado, 1 de abril de 2017

CAMINO A ROGITAMA: DE LO MITOLÓGICO A LO HUMANO




CAMINO A ROGITAMA: DE LO MITOLÓGICO A LO HUMANO


JUAN CARLOS URANGO OSPINA
Docente Programa de Lingüística y Literatura
Universidad de Cartagena
 


Rogitama es un lugar de pervivencia, un inmenso nicho de especies que, para las ciencias, plegadas a la racionalidad, están extinguidas; o, peor, jamás existieron. El camino a Rogitama, el tránsito por sus adentros, nos permite, por tanto,  corroborar la certeza de la imaginación.

Rogitama –sin que esto sea una paradoja- es, a la vez, un universo antiquísimo y reciente. En él, hay evidencias de los primeros mundos, de las criaturas que saborearon los soles fundacionales. Pero sólo hasta ahora –y por eso es reciente- logramos comprender que esas criaturas no fueron objeto de nuestras alucinaciones.

Todo eso descubrió Winston Morales Chavarro en su tránsito por Rogitama. Junto a los arácnidos milenarios, a las aves iniciales, a los árboles de todos los siglos, encontró –trasladados en su totalidad- a los dioses, semidioses y humanos del universo olímpico.  

Allí están, vivos como siempre, habitando esta suerte de Olimpo que es Rogitama, los más humanos –es decir, los menos míticos- de todos los seres mitológicos. Winston nos los presenta en su dimensión más dolorosa, en la que los poderes, los ilimitados poderes que representan, sucumben ante la más primaria de todas las fuerzas: la del amor.

Todo en el poemario, como en la vida, como en los simulacros de vida, está cruzado por el amor. Principio creador, forma de despojo y de renuncia, fuerza humanizante. Por él, los dioses supremos –Cronos, Zeus, Apolo, Poseidón, Dionisos, Hércules- aparecen sin el peso que les impone su deidad, sin la majestuosidad de sus voces tronantes. La voz poética en el mundo de Rogitama se escucha, por el contrario, susurrante, suplicante y confesa. Así, Zeus, el todopoderoso, la deidad de las deidades, se duele:


Me pesa esta sentencia de ser dios y padre del Olimpo,
Acumulador de nubes, escanciador del rayo,
Y no poder llegar a la simpleza de tus glúteos,
A la sencillez insoportable de tus espaldas.






El Zeus del poema –como todos los dioses del poemario- soporta la sentencia que su condición les impone. Sufre, en consecuencia, el dolor, la sentencia, el castigo, que parecía reservado para los irreverentes, para los soñadores: Sísifo, Prometeo, Ícaro, Teseo.

Winston logra que, en Rogitama, dioses y humanos aparezcan unidos por los mismos dolores y evocaciones, por las mismas renuncias y búsquedas. Y crea un círculo perfecto que se abre y se cierra en el mismo sitio -¿qué lugar de Rogitama?- y con los mismos personajes: Odiseo, el héroe que retorna, y Circe, la hechicera de hermoso canto. En Rogitama, entonces, se pretende el canto y el hechizo; o lo que es mismo, el amor del que se reniega en principio, pero se busca (y regresa) siempre. De ese modo, se escucha en el canto, en el hechizo de Circe, que cierra el poemario:



El amor regresa siempre,
Recorre los caminos
Por donde una vez anduvo.
¿Qué es el amor sino el tiempo recobrado?
Aquel que nunca ha doblado los relojes
Viene sobre esta playa cuyas olas carecen de circunferencia:
Aquí de nuevo el amor.


En Rogitama, espacio de supervivencia, el mundo se renueva como piel de serpiente. Y todo se vuelve natural. Los dioses se humanizan y los humanos se descubren como tales. El mito recobra el vigor de su palabra y las especies que parecían extinguidas –los dioses de la tierra recién creada- reposan después de muchas penitencias.




Winston lleva a Rogitama y a sus personajes en la sangre. En algún rincón de ese lugar está inscrito su apellido; la genealogía de ese universo empezó con el árbol de su estirpe. Acaso, entonces, todo lo que ha escrito, todos los personajes que pueblan Rogitama, son una sola voz –la suya- habitada por todas las creaciones y todas las fuerzas de la naturaleza. En especial, por las fuerzas del amor. Habrá que leer a Winston –al poeta, al ser humano- para comprender que cada palabra, que cada título y que cada ser que evoca es un modo de evocarse a sí mismo.

En síntesis, y esto pudo evitar las tres páginas de esta presentación, Camino a Rogitama, el nuevo poemario de Winston Morales Chavarro, escritor opita, profesor de la Universidad de Cartagena y amigo de tertulias en el Café de Freddy, resume los senderos deambulados por la literatura y por su literatura. Al tiempo que nos revela lo cerca que hemos estado de los mundos en donde empezó la creación.





domingo, 26 de marzo de 2017

El indómito Winston Morales Chavarro, prólogo de Edgar Artunduaga al libro La Bella despierta y otros textos.



Era casi un niño. Winston se ganó un concurso que hicimos en Huila Stereo para ocupar la vacante de locutor de la noche, el turno más duro de la radio, de 10 PM a 6 de la mañana. Alguna vez le llamé la atención porque en el programa desapareció la música. Convirtió el espacio en una tribuna social que contra todos los pronósticos disparó la audiencia.
El sábado aquel que contrajo su primer matrimonio, paralizó a Neiva por cuenta de un desfile interminable de taxis, que pitaron hasta que todo el Huila supo el motivo.
Estuvo unos meses en la emisora, porque su afán de comerse el mundo lo llevó a escribir en los periódicos locales, a hacer periodismo en distintos medios, a acometer poesía, a trabajar en la Universidad Surcolombiana, a tener dos hijos, a convertirse en poeta, profesor y escritor laureado, traducido y aplaudido en el país y en el mundo, a viajar sin parar.
Tal vez donde menos lo exaltan es en su tierra (como suele suceder), al punto que nos llegan noticias de sus éxitos, que celebran especialmente en la Universidad de Cartagena, donde ejerce como profesor de tiempo completo.
Mientras el gran periodista Juan Gossaín me confiesa –casi con vergüenza- que ha escrito poesía, pero que no es tan valiente como para publicarla, este paisano –que camina despacio, con desgano, con cierta abulia contemplativa- no sólo se ha proclamado poeta hace varios años sino que publica libros de poesía, ganadores en concursos competidos a nivel internacional.
Winston se ganó el primer puesto del concurso nacional de poesía de la Universidad de Antioquia (2001) y también uno convocado por la Universidad del Quindío. Poemas suyos aparecen en revistas y publicaciones de España, México, Ecuador y otros países. Aniquirona, De regreso a Schuaima y Memorias de Alexander de Brucco han sido traducidos a varios idiomas.
En una entrevista para el periódico El Mundo, de Medellín, a propósito del día mundial de la poesía, dice que sólo escribe de lo que le apasiona, que todo parte de una motivación interior.
“Mis preocupaciones (y las de mis otros) han sido las mismas siempre: el tiempo, la muerte, la noche, el viaje, el camino. Las palabras más repetidas en mi poesía son: muerte, camino, luz (lux), viento”.



En el Huila nos deleitó por varios años con sus columnas en los periódicos locales, hasta cuando se aburrió de hacerlas, no tuvo tiempo para ese esfuerzo no remunerado, o simplemente porque se le volvió problema aplastar con sus palabras convertidas en puñales –como lo hizo muchas veces- a gobernantes corruptos y hermafroditas, que saqueaban al Huila mientras pronunciaban discursos moralistas.
Las élites políticas y culturales (los Calderón Molina) comenzaron a considerarlo “repelente” cuando Winston comenzó a satirizar sobre una tal “huilensidad” que nos querían imponer desde los púlpitos oficiales. Obviamente los burócratas o publicistas que la promovieron no tenían argumentos ni voz propia para discutirlo en público.
“No logro ubicarme en mi identidad cultural, en esa bonita palabra –huilensidad- que se inventaran, discursos aprendidos, diría alguien por allí, algunos científicos sociales.
He indagado seriamente ese origen, el de la palabra y el mío. Y les soy sincero, con la pena del mundo: me siento desarraigado, excluido, relegado de mi contexto monocultural.
¿Será que las subculturas juveniles (el rock, el punk, el rap) no pueden formar parte de la huilensidad? ¿Dónde dejar a las clases populares que en lugar de escuchar Espumas o El barcino escuchan Por tu maldito amor, de Vicente Fernández, o La feria de las flores, de Cuco Sánchez? ¿Dónde situar a los (las) adolescentes universitarios que escuchan Coldplay, Manu Chao, Sex pistols o a Nirvana?”
Neiva, Ciudad Villamil: ¿Queda algo de eso, además de una veintena de adefesios que no se sabe, como diría Marco Fabián Herrera, si nos cantan o nos gritan? Neiva, Ciudad Reggeton. Neiva Yankee. Creo que estos nombres son mucho más funcionales.



Morales no vive en las nubes, ni se extravía en el universo de lo poético. Extraña los paseos de olla, las especulaciones de la política regional y a veces pregunta por aquella colega periodista o locutora con la que apenas se cruzaron miradas, pero no hubo tiempo para nada más.
Morales resultaba abrumador para cualquier contradictor mediocre, en un medio donde la dádiva resuelve discusiones o el disparo silencia en definitiva la discusión, como le pasó al extraordinario periodista Guillermo Bravo Vega, baleado en su pequeño apartamento.
A lo mejor se aburrió de la medianía que nos caracteriza. Quizá de hablar solo, sin que nadie respondiera con seriedad a sus críticas ante tanto descuido por el ser humano en Neiva, “el ciudadano crítico, pensante, reflexivo, conectado con los rigores y las exigencias de una ciudad heterogénea, dinámica, hablante”.
Winston se esfuerza por provocar al opita dormido, al huilense en general, y sentencia un día sobre el celibato, “un acto inhumano”. Y se mete en otra columna con los vallenatos, sin que nadie le conteste siquiera con un madrazo, para establecer una discusión.
-No entiendo –escribió- por qué nadie se pronuncia al respecto, por qué razón la gente de Neiva soporta cuatro horas seguidas de la delincuencia sonora de Silvestre Dangond, el terrorismo soterrado de Pipe Peláez, el grito deshumanizador de los malos trovadores contemporáneos.
A Winston no se le escapa la clase emergente, que le aburre, aquellos señores venidos de la nada y del vacío con ínfulas de conde o baronesa. Señoritos (as) que de forma milagrosa y de la manera menos sospechada logran “ubicarse” en puestos de alto turmequé.



Morales habla de la Universidad Surcolombiana, “la zona rosa del norte”. Se pregunta qué tiene Pitalito que le arroja tantos hijos ilustres al Huila.
Habla en extenso de Neiva (“a la que odio y amo”), destaca a los profesores Édgar Machado, Antonio Iriarte y Jaime Salcedo. Exalta a Guillermo Plazas Alcid y se refiere a Delimiro Moreno como ese bicho raro: “Es como si su máquina de escribir fuera un instrumento musical; en lugar de cansar alienta la vejez, la soledad, el peso de los años”.
Con excepción de Delimiro Moreno (a quien Winston admira y yo he comenzado a querer, pero que siempre he respetado profesionalmente) no hay otro periodista, columnista y menos poeta que resulte más contundente, ameno y demoledor –para bien o para mal- que Morales Chavarro, hoy “extraditado” porque en el Huila no hubo espacio para él. Por eso, la mejor pluma opita está en Cartagena.
Las columnas escritas por Winston Morales Chavarro constituyen la historia del Huila, la pluma más vigorosa y brillante del departamento, así no lo reconozcan muchos, así lo desprecien otros.
Celebro la publicación de este libro, que resume diez años de columnas publicadas por Morales, cuya ausencia deben extrañar los buenos lectores y quienes hoy desprecian las páginas de opinión por tanto áulico de lenguaje barato y escasa mollera.

Por: Édgar Artunduaga Sánchez




sábado, 18 de marzo de 2017

PROLOGUE ¿WHERE DO THE ELAPSED DAYS GO?





PROLOGUE




Knowledge is prime in Winston Morales Chavarro‘s poetry, awareness is key to the real, as the only way of enduring and understanding life in its dark and unique light; its permanence and fugacity, its eternity and continuous drift. The list of his published books to this date attests to this knowledge and his particular view (which should be said, initiatory), his exploration through language, through the worlds of others and himself alone upon the purity of the blank page -analogy of the invisible-, where the poem’s true revelation takes shape, the lasting voice of things, highest expression of beauty and truth; fullness and sovereignty of the being.

The poem in Winston Morales Chavarro’s poetry is a flowing of images, time’s pulse made of words, a transversal cut upon lived life where the absolute is mirrored and evocated in a vision; set of rules to facts that otherwise would continue hidden in our psyche. Since the beginning of his journey the poet was always interested in going beyond the accepted paths, far away from the purely anecdotic limits to which poetry seems inclined today. Because for Winston Morales poetry is primarily to decipher the myth; anagnorisis about the origin and essence of all human activity projected in history and manifested in nature as well as in our own self. It can be said that for more than twenty-five years all his poetic work has gravitated around the great myths of America and the world. But his work isn’t about a consolidated scholar registration on useless metaphors, and although we ignore what secret impulse let him to explore from his early years that complex mythological and symbolical universe of sources and sacred scriptures such as the Vedic, the Bible, the Koran, the Kybalion, the Tarot, the American Codices, and the hermetic traditions of East and West, we understand it’s his readers’ task to try and follow him throughout this spiritual adventure which is his poetic endeavor.






Certainly, very seldom Colombian poetry has taken this kind of exploration, strange for many, or even esoteric to a degree. Perhaps, as Winston Morales put it himself in his book Poetic of the Occultism, only Carlos Obregón is the best immediate reference. I would also add Raúl Henao and Gabriel Arturo Castro, contemporary poets whose works share the same interest about mystery and dreams, and even the taste for secrecy and mysticism.

However, Morales Chavarro is essentially a terrestrial poet, as close to mankind as nature itself; his own elements are always present in his books, his scenery, his phenomena including hopes and dreams, hardships and human desires. There is no distance between these two dimensions of reality. Therefore, his most recent poems seem to return to the concerns and existential uncertainties that come from the consciousness of becoming; an insight, painful at times, as time and mortality itself; something which, in one way or another we all share. In that sense we can say now that Where do the elapsed days go? Awarded with the David Mejía Velilla Award from De La Sabana University in 2014, is perhaps the most moving, intimate and personal book from the author, while recognizing the symbolic and poetic height of his previous books.  
                                    
Where do the elapsed days go? Is truly the definitive shift in the poetic work of Winston Morales Chavarro. This is a book in which the poet’s voice -with refined experience and expression- exposes the essential, the vital core of the transcript where we face, as noted, this complex experience on finitude, on life’s fugacity; the uncertain fate of the being against time and death, the affront of pain and the world’s misery, all this made possible with intense sobriety sustained upon a clear and grand musical language that the reader will recognize and appreciate.   
Without diminishing the qualities outlined above these texts then confront a darker thematic closer to the Pathos, the order of the most intimate sensorial concerns in a tone of great lyrical purity, not forgetting, not even for a moment, that the speaker is someone who has already come and lived a long way, and knows the burden of every day lived, the deeper meaning of each image and each word here evoked, saved by and for poetry:





  
Where do the elapsed days go?
Those little shadows of what once was the sun?
Why is it so elusive that what is called tomorrow?
That looming coming from behind the mountains as the future?
Skin curdles,
Bones break

And the days run like straws in someone else’s eye.



However, this is not a hopeless and pessimistic book. We’d rather say it’s a lucid book, aware of the limits of our own existence which beauty can be celebrated for been in fact temporary, fleeting, mortal. The nature of this poems bring us to the best of the metaphysical poetry from old times, from the pre-Socratic Wise men so attentive to the course of things and men like Heraclitus, Democritus, Diogenes, and the already mentioned Anacreon, or the classic Romans Horace and Ovid, till the Persian poet Omar Khayyam, the Englishman John Donne, and our unforgettable Francisco de Quevedo, through essayists like Michel de Montaigne and a distinguished group of contemporary writers and poets that have addressed the contradictory consciousness of life, full of wonders and at the same time with countless disappointments and terrors. Echoes of such beings, so many poets and thinkers resonate in these pages, which at no time belies the originality of the poet’s own voice but instead supports it, improving it deeply, as it should be.      
Reading these poems one finds mainly a voice that although skeptical and gloomy at times, fails to become a depressive complain and instead transform itself into a shining light upon our own uncertainty, our darkness.   
The poetic work of Winston Morales Chavarro will surely continue deepen into his own style and vision, which define a true master piece and befits an authentic poet, faithful to poetry and faithful to himself.   



Pedro Arturo Estrada
New York.













sábado, 11 de marzo de 2017

PRÓLOGO DE PEDRO ARTURO ESTRADA AL LIBRO ¿A DÓNDE VAN LOS DÍAS TRANSCURRIDOS?





En Winston Morales Chavarro prima el conocimiento, la conciencia de la poesía como llave de lo real, como única vía de aprehensión y comprensión de la vida en su oscuridad y su luz, su permanencia y su fugacidad, su eternidad y su continua deriva. La lista de sus libros publicados hasta el presente da fe de ese conocimiento, esa visión particular (cabe decir, iniciática), esa exploración a través del lenguaje, del mundo de los otros y de sí mismo en la pureza de la página en blanco —analogía de lo invisible–, donde toma cuerpo entonces la revelación del poema, última voz de las cosas, manifestación culminante de la belleza, de la verdad, del ser en su plenitud y soberanía.


El poema en Winston Morales Chavarro es corriente de imágenes, pulso del tiempo hecho palabra, corte trasversal de lo vivido, donde espejea lo absoluto y se convoca una visión, la accésis a realidades que de otro modo continuarían ocultas en nuestra sique. Desde el comienzo de su búsqueda, el poeta siempre estuvo interesado en ir más allá de los territorios aceptados, más allá de los límites meramente anecdóticos a los que la poesía parece inclinarse hoy. Porque para Winston Morales la poesía es ante todo desciframiento del mito, anagnórisis en torno del origen y la esencia de lo humano proyectado en la historia y manifestado en la naturaleza tanto como en el ser mismo del hombre. Toda la obra poética de Winston Morales puede decirse que ha girado hace más de  veinticinco años en torno a los grandes mitos de la historia del mundo y de América. Pero no ha sido lo suyo sólo un registro erudito refundido en metáforas banales, y aunque no sabemos qué impulso secreto lo ha llevado a explorar desde la juventud ese complejo universo mitológico y simbólico a partir de fuentes y escrituras sagradas como los Vedas, la Biblia, el Corán, el Kibalyon, el Tarot,  los códices americanos y la tradición hermética de oriente y de occidente, se comprende que es a sus lectores a quienes corresponde tratar de seguirlo en esa aventura del espíritu que a la postre define su propuesta poética.   


Por cierto que pocas veces la poesía colombiana ha hecho suya esta clase de exploraciones, para  para muchos, extrañas o bien, esotéricas. Quizá, como el mismo Winston Morales lo apunta en su libro Poéticas del Ocultismo, sólo Carlos Obregón en su momento es el mejor antecedente. Yo agregaría a Raúl Henao y a Gabriel Arturo Castro, poetas contemporáneos cuyas obras comparten el mismo interés por el misterio, lo onírico y aun el gusto por lo secreto y lo místico.


No obstante, Morales Chavarro es un poeta esencialmente terrestre, tan próximo al hombre  como a la naturaleza; en sus libros están siempre presentes sus elementos, sus escenarios, sus fenómenos pero también los anhelos, los sueños, las desazones y los deseos humanos. No hay separación entre estas dos dimensiones de la realidad. Por ello, sus poemas recientes parecen regresar a las  preocupaciones e incertidumbres existenciales, aquellas que proceden de la conciencia del devenir, de la visión profunda, dolorosa que del tiempo y la mortalidad, de una u otra manera, todos compartimos. En tal sentido, podemos decir ahora que ¿A dónde van los días transcurridos? , galardonado con el Premio David Mejía Velilla por la Universidad de la Sabana en 2014, es quizá el libro más conmovedor, más íntimo y personal del autor, sin desconocer la altura simbólica y poética de sus libros anteriores.







¿A dónde van los días transcurridos? marca, sin duda, un giro definitivo en la poética de Winston Morales Chavarro. Este es un libro en el que la voz del poeta –refinando experiencia y expresión– expone lo esencial, lo medular mismo del trasunto vital, donde para encarar, como advertimos, esa compleja experiencia en torno a la finitud, la fugacidad de la vida, la incertidumbre del ser frente al tiempo y la muerte, la afrenta del dolor y la miseria del mundo, sólo es posible la sobriedad en yunta con la intensidad sostenidas sobre la claridad y la musicalidad de un lenguaje de gran factura que el lector finalmente reconocerá y agradecerá.    


Sin menoscabo de esas calidades antes señaladas estos textos confrontan entonces una temática sin duda más oscura y próxima al pathos, al orden de las preocupaciones sensoriales más íntimas en un tono de gran pureza lírica, sin que olvidemos ni por un instante, que quien habla es alguien que ha recorrido ya un buen trecho de la existencia y sabe, conoce a fondo el peso de cada día vivido, el significado profundo de cada imagen y cada palabra aquí evocadas, salvadas por y para la poesía:


¿A dónde van los días transcurridos?
¿Aquellas pequeñas sombras de lo que un día fue sol?
¿Por qué nos es tan esquivo eso que llaman mañana?
¿Eso que asomaba detrás de las montañas como  porvenir?
La piel se cuaja,
Los huesos se quiebran
Y los días corren como briznas de paja en ojo ajeno.

Sin embargo, no es este un libro desesperanzado o pesimista. Diríamos más bien que es un libro lúcido, consciente de los límites de la existencia cuya belleza sólo puede celebrarse siempre por ser en efecto pasajera, fugaz, mortal. La índole de estos poemas nos remite a lo mejor de la poesía metafísica, venida de antiguo, desde los mismos presocráticos tan atentos al devenir de las cosas y del hombre, como Heráclito, como Demócrito, como Diógenes, y por poetas como el ya citado Anacreonte,  o clásicos romanos como Horacio y Ovidio, hasta llegar al persa Omar Kayyam, al inglés John Donne, a nuestro inolvidable Francisco de Quevedo, pasando por ensayistas como Miguel de Montaigne hasta esa pléyade de escritores y poetas que en la modernidad han abordado la conciencia contradictoria de la vida, plena de maravillas y al mismo tiempo de decepciones y terrores sin cuento.  Ecos de tales seres, de muchos poetas y pensadores insignes resuenan en estas páginas, lo cual en ningún momento desdice de la originalidad de la propia voz del poeta y en cambio sí la respalda, la enriquece profundamente, como debe ser.






Al leer estos poemas uno  encuentra sobre todo una voz que aunque escéptica y melancólica por momentos, no llega a convertirse en queja depresiva y alcanza a iluminar en cambio nuestra propia incertidumbre, nuestra oscuridad.


La poética de Winston Morales Chavarro seguramente seguirá ahondando en las visiones que de suyo definen el estilo y la verdad de una obra verdadera, como corresponde a un poeta auténtico, fiel a la verdad de la poesía y de sí mismo.



Pedro Arturo Estrada


sábado, 4 de marzo de 2017

Wznieść się do źródeł języka: język natury w twórczości Winstona Moralesa Chavarro




 Wznieść się do źródeł języka: język natury w twórczości Winstona Moralesa Chavarro


Barbara Curzytek
Uniwersytet im. Adama Mickiewicza w Poznaniu


Wstęp

Jednym z głównych wątków twórczości literackiej Winstona Moralesa Chavarro jest zainteresowanie rzeczywistością – czy też rzeczywistościami – wykraczającymi poza świat materialny; poszukiwanie nowych, metafizycznych, ukrytych, nienamacalnych prawd niedostępnych z punktu widzenia czysto naukowego czy racjonalnego. Celem niniejszego tekstu będzie przeanalizowanie relacji, jaka zawiązuje się pomiędzy naturą (rozumianą szerzej jako świat fizyczny) oraz wymiarem ukrytym, niematerialnym. Na podstawie fragmentów utworów poetyckich oraz tekstu eseistycznego autora zostanie przeanalizowana jego teza, że świat materialny to uniwersalny język, który poprzez uważną obserwację należy odczytać, aby poznać nowe, ukryte, prawdy wykraczające poza wymiar fizyczny.


Poezja a współczesny światopogląd naukowy

We współczesnym świecie, przede wszystkim zachodnim, dominuje światopogląd naukowy. W odróżnieniu od – wg Ernsta Cassirera – tzw. myślenia „prymitywnego” (1987: 126) lub mitycznego, jak określa go Claude Lévi-Strauss (drugi termin wydaje nam się bardziej zasadny), w którym świat jest postrzegany i postrzegalny wyłącznie jako całość, światopogląd naukowy ucieka się do kategoryzowania i systematyzowania rzeczywistości, przede wszystkim fizycznej, i analizuje ją, dzieląc na części (Cassirer 1987: 126). Wzrastająca liczba dziedzin nauki, koncentrującej się na tym, co materialne, prowadzi do fragmentacji rzeczywistości do takiego stopnia, że jej wymiar duchowy coraz częściej zostaje pominięty. Jednakże, jak zauważa Winston Morales Chavarro w pierwszym rozdziale swego dzieła eseistycznego Poéticas del ocultismo (Poetyki okultyzmu), należy zwrócić uwagę, że w początkach istnienia kultury ludzkiej jedyną metodą objaśniania świata, wcześniejszą od nauki, była poezja, która odwołuje się do uczuć i do tego, co nienamacalne:

Zanim nastąpiła kategoryzacja i systematyzacja świata, poezja była jedyną nauką, a także jedyną religią. Możemy stwierdzić, że poetyka była zaangażowana w tak dawne dziedziny wiedzy jak astrologia czy alchemia – prekursorki współczesnej astronomii i chemii (Morales Chavarro 2008: 18).[1]

To, co nienamacalne, było zatem zawsze nieodłączne od tego, co materialne.
Poezja starała się również objaśniać zjawiska nie dające się postrzegać przy pomocy rozumu, takie jak śmierć, życie czy miłość, wykraczając poza świat materialny:

Poezja narodziła się jako sposób objaśniania świata, jako forma dociekania tego, co inne, nieznane, nawet gdy chodziło o rzecz niewidzialną lub natury boskiej (poetyka oznaczała zjednoczenie z siłami pozaziemskimi i pozacielesnymi). Zakładała odwołanie się do tworzenia nie tylko po to, aby opisywać rzeczy podlegające logice ludzkiej, ale także te, które wymykały się jakimkolwiek wyjaśnieniom natury racjonalnej bądź symbolicznej. (Morales Chavarro 2008: 18)[2]

Podobnie jak filozofia, której źródłem jest zdziwienie światem, poezja w początkach swojego istnienia szuka odpowiedzi w naturze, która posiada zaszyfrowany język (2008: 20). Pierwotnie człowiek potrafił odczytywać i interpretować ów język, żył w harmonii i jedności z naturą, postrzegał siebie jako ogniwo kosmicznej sieci połączeń i interakcji, tylko jeden z wielu elementów Wszechświata, na który składają się wymiary zarówno materialny, jak i niewidzialny:

Każdy element makrokosmosu połączony jest w sposób niewytłumaczalny – z punktu widzenia racjonalnego – z wszystkimi cząsteczkami mikrokosmosu (czyli wymiaru ludzkiego). (Morales Chavarro 2008: 20)[3]






Taka całościowa wizja Wszechświata częściowo zachowała się w Ameryce Łacińskiej jako efekt wpływu kultur indiańskich i afrykańskich, dla których nie istnieje wyraźna granica pomiędzy światem materialnym i innymi wymiarami. Wymiar zamieszkiwany przez istoty duchowe – czy to bogów bądź istoty światła i ciemności, czy to dusze zmarłych przodków – współistnieje z rzeczywistością fizyczną, jest z nią nierozerwalnie związany i oba światy pozostają ze sobą w stałej interakcji. Jednakże również w synkretycznym świecie latynoamerykańskim zaczyna dominować zachodni światopogląd naukowy:

Twórczość literacka uległa technicyzacji, stała się racjonalna, utraciła swój pierwotny język – język zaszyfrowany, który łączył ją z idealnym porządkiem, z istotą bogactwa jej brzmień i form ekspresji. (Morales Chavarro 2008: 24)[4]

Stąd też zainteresowanie kolumbijskiego poety okultyzmem i ezoteryką jako forma „oporu wobec niemego języka nowoczesności” („una resistencia contra el lenguaje mudo de la modernidad”) (Morales Chavarro 2008: 24). Winston Morales pod wyraźnym wpływem twórców epoki romantyzmu (za swój wielki autorytet uznaje Williama Blake’a) postrzega rolę poety jako wieszcza (vate / aeda), który z uwagą obserwuje i potrafi interpretować znaki emitowane przez otoczenie oraz jest zdolny odczytywać zaszyfrowany język świata materialnego. W ten sposób uważna obserwacja rzeczywistości prowadzi do odsłonięcia pewnej ukrytej wiedzy, której należy doszukiwać się  poza wymiarem fizycznym.





Aniquirona i Schuaima: postać kobieca z onirycznych wizji i kreacja wyimaginowanego świata

Do zgłębienia sposobu, w jaki realizowane jest poszukiwanie tego, co duchowe, posłuży nam analiza fragmentów tomu poetyckiego Aniquirona, na który składa się 26 wierszy. Aniquirona to postać kobieca powstała, według słów autora, z inspiracji snami; jest to istota światła, „czarodziejka stworzona ze światła” („hechicera hecha de luz”)  (wiersz IV, 2015: 14) i to do niej zwraca się podmiot liryczny. Ta oniryczna postać zamieszkuje wykreowany przez poetę świat, Schuaimę, który podmiot liryczny odwiedza po to, by zgłębiać wymiar duchowy oraz by dążyć do spotkania z Aniquironą. Owa przestrzeń zdefiniowana jest wyraźnie w wierszu XXII:

Schuaima es la nación
Donde todos los que se fueron han llegado. (2015: 43)

Schuaima jest krajem
Gdzie przybyli ci wszyscy, którzy odeszli. (2015: 43)

Schuaima jest zatem światem czy też wymiarem, do którego trafiają ci, którzy umarli w sensie fizycznym. Nie jest to jednak raj w rozumieniu chrześcijańskim, gdyż ta religia rysuje ostrą granicę pomiędzy rajem a światem ziemskim. Przeciwnie – u Winstona Moralesa podmiot liryczny może swobodnie przemieszczać się pomiędzy oboma światami:

(...)

Llevo en mis bolsillos
El mapa transparente de tu tierra       
Y puedo cruzar cuando me parezca.   
                                                                          
(…) (poema XVI, 2015: 34)                     


(…)

Noszę w kieszeni
Przejrzystą mapę twego kraju
I mogę granicę przekraczać, gdy zechcę.

(...)
(wiersz XVI, 2015: 34)





Jest to zatem przejaw światopoglądu, w którym oba wymiary pozostają w stałej wzajemnej interakcji. Potwierdza to cytat przypisywany francuskiemu poecie surrealistycznemu Paulowi Éluardowi, wybrany przez Winstona Moralesa na motto innego tomu poetyckiego, La ciudad de las piedras que cantan (Miasto śpiewających kamieni): „Istnieje inny świat, ale znajduje się w tym”.[5]
Jednakże, mając na uwadze słowa samego autora o tym, jak wielki wpływ wywarła na niego Biblia, nie można całkowicie odrzucić pewnych skojarzeń z wyobrażeniami chrześcijańskimi. Po pierwsze, opisy Aniquirony wydają się inspirowane biblijną Pieśnią nad pieśniami:
Aniquirona,  poema XXIV:

Con la transparencia del amor infatigable y ebrio
honraré tu collar de mariposa
tus labios de gaviota subceleste,
tu cabellera solitaria como un faro
(...)
Honraré tus senos de estatua grecorromana,
Tu boca refulgente
Como la hoguera del exilio
(...) (2015: 47)

Cantar de los cantares  (4: 1; 3-5):[6]

Tus cabellos son como los rebaños de cabras
 que retozan en los montes de Galaad.
(...)
Tus labios son cual cinta escarlata;
 tus palabras me tienen hechizado.
Tus mejillas, tras el velo,
 parecen dos mitades de granadas.
Tu cuello se asemeja a la torre de David,
construida con piedras labradas;
de ella penden mil escudos
 escudos de guerreros todos ellos.
Tus pechos parecen dos cervatillos,
dos crías mellizas de gacela
que pastan entre azucenas.


Aniquirona, wiersz XXIV:

Z żarliwością miłości czystej, niestrudzonej
Hołd złożę twej szyi jak motyl
Ustom twym jak mewa podniebna
Włosom twym samotnym jak latarnia
(...)
Hołd złożę twym piersiom jak u grecko-rzymskiego posągu
Wargom płomiennym
Jak zapalony stos wygnania
 (...) (2015: 47)






Pieśń nad pieśniami  (4: 1; 3-5):[7]

Włosy twe jak stado kóz 
falujące na górach Gileadu.
(...)
Jak wstążeczka purpury wargi twe 
i usta twe pełne wdzięku. 
Jak okrawek granatu skroń twoja 
za twoją zasłoną. 
Szyja twoja jak wieża Dawida, 
warownie zbudowana; 
tysiąc tarcz na niej zawieszono, 
wszystką broń walecznych. 
Piersi twe jak dwoje koźląt, 
bliźniąt gazeli, 
co pasą się pośród lilii. 




























Podobnie jak w Pieśni nad pieśniami, w przypadku Aniquirony moment spotkania z kobietą odsuwa się w czasie, kobieta wydaje się nieuchwytna, niedościgniona, unika spotkania (huye y rehuye). Nasuwa to skojarzenie z poezją mistyczną, również inspirowaną Pieśnią nad pieśniami. Głównym tematem poezji mistycznej jest dążenie do osiągnięcia jedności z Bogiem, przedstawianej jako spotkanie z ukochaną kobietą (lub mężczyzną, gdy podmiotem lirycznym jest kobieta). Aniquirona również jest uosobieniem istoty światła, choć nie wyłącznie Boga – pełni rolę przewodniczki duchowej, która, choć nie poprzez bezpośrednią rozmowę, lecz – przeciwnie – poprzez swą ulotną obecność i częściowe „objawienia”, pomaga podmiotowi lirycznemu zrozumieć swój wymiar. W szerszym rozumieniu, jako istota światła (luz czy też lux, jak woli poeta) uosabia poznanie  – jest „początkiem innych dróg”, ”el umbral de otros caminos” (wiersz I, 2015: 9) oraz, jak czytamy w dedykacji do jednego z wierszy z tomu La ciudad de las piedras que cantan, „Dobro Czyniącą w Ciemnościach” („Bienhechora en la Obscuridad”) (2011: 43).


Podobnie jak w poezji mistycznej, u kolumbijskiego poety, dopóki trwa życie ziemskie, zjednoczenie z istotą światła może być tylko chwilowe i krótkotrwałe, a wieczne i stałe będzie mogło stać się dopiero po śmierci. Jednakże, w odróżnieniu od podmiotu lirycznego poezji mistycznej, który tak bardzo pragnie jedności z Bogiem, że życie ziemskie powoduje u niego cierpienie i wręcz chęć jak najszybszej śmierci („umieram, bo nie umieram” Jana od Krzyża), u Winstona Moralesa podmiot liryczny pragnie kontynuować życie fizyczne i wystarcza mu fragmentaryczne poznanie, którego źródłem są wizyty w Schuaimie:

(...)
Pero no amo el suicidio
Pienso que es un pretexto de la vida
Para buscarte demasiado pronto
(...)
Déjame partir amada forastera
El tren de Schuaima sale a las nueve
Y yo aún conservo tres tiquetes de regreso. (poema XVI, 2015: 34)


Jednakże nie pragnę samobójstwa
Myślę, że życie podsuwa ten pretekst
By próbować odnaleźć cię zbyt prędko
 (…)  
Pozwól mi odjechać, ukochana cudzoziemko
Pociąg z Schuaimy odchodzi o dziewiątej
A ja wciąż przechowuję trzy bilety powrotne.  (wiersz XVI, 2015: 34)


Najistotniejszą różnicą pomiędzy poezją mistyczną a poezją Winstona Moralesa jest to, że podczas gdy w tej pierwszej, aby osiągnąć jedność z Bogiem, należy całkowicie odrzucić świat zmysłowy, cielesny i materialny, aby w pełni dostąpić poznania Boga (czy też światła), w twórczości kolumbijskiego poety to właśnie zmysły i uważna obserwacja rzeczywistości fizycznej są głównym narzędziem służącym poznaniu tego, co duchowe. Winston Morales nie postuluje całkowitego odrzucenia świata fizycznego, ale właśnie użycie zmysłów po to, by wykroczyć poza rzeczy materialne, zrozumieć ich prawdziwą naturę i ich język przed-językowy, lenguaje pre-idiomático, by „wznieść się do źródeł języka” (”ascender al principio del lenguaje”). Ten cel zostaje zapowiedziany w wierszu otwierającym tom o Aniquironie:



Y estoy buscando las voces del camino
Para traducirlas
Seguro llevarán tu nombre
He aprendido a interpretar la voz del viento
Esa misma que arrulla las hojas entreabiertas
De tu árbol.
(...)
Al cuenco de mis manos
Llega impetuoso el sol
Con el oro y el trigo de tu cima
¿Debo ascender al principio del lenguaje? (poema I, 2015: 9)


Szukam pojęć, które podszeptuje droga
Aby je tłumaczyć
Pewnie będą nosić twe imię
Nauczyłem się interpretować głos wiatru
Ten sam, co kołysze wpółprzymknięte liście
Twego drzewa.
 (…)
W zagłębienie mych dłoni
Ogniście wpada słońce
Niesie złoto i zboże z twego szczytu
Czy to znak, by wznieść się do źródeł języka? (wiersz I, 2015: 9)







Słowo voz oznacza zarówno „słowo”, „pojęcie”, jak i „głos”. Słońce, złoto i zboże (gradacja) mogą być symbolami światła, poznania, oświecenia. Na początku drogi podmiot liryczny wykazuje niepewność (przypuszczenie: „Pewnie będą nosić twe imię”, pytanie: „Czy to znak, by wznieść się do źródeł języka?”), jednakże w kolejnym wierszu następuje kontynuacja tej samej myśli, już z większym zdecydowaniem („Tylko w ten sposób wiem, że istnieję”):

(...)
Sigo las hojas que corretean presurosas
Sigo la lluvia y su música húmeda
Sigo los pájaros y sus ondas
Hay una aproximación entre el lenguaje de los árboles
Y el mío.

Sólo así puedo acercarme
Sólo así sé que existo
Y que el camino no es camino
Sino va cargado de palabras y de voces.
(...) (poema II, 2015: 10)


Podążam za szybko rozpierzchającymi się liśćmi
Podążam za deszczem i jego wilgotną muzyką
Podążam za ptakami i ich falowaniem
Istnieje podobieństwo między językiem drzew 
I moim.

Tylko w ten sposób mogę się zbliżyć
Tylko w ten sposób wiem, że istnieję
I że droga nie jest drogą  
Lecz przepełna jest słów i pojęć
 (…) (wiersz II, 2015: 10)

Dodatkowo, w wierszu El lenguaje (Język), pochodzącym z tomu De regreso a Schuaima (Powrót do Schuaimy), czytamy:

Al evocar el sonido de esta Terra
El campo abierto
Conduce a la polifonía del bosque.
Allí el lenguaje es instintivo
Pre-idiomático
(...) (2013b: 165)


(…)
Przywołując dźwięk tej Ziemi
Otwarte pole
Prowadzi w polifonię lasu
Tam język jest instynktowny
Przed-językowy
 (...) (2013b: 165)




Także z wiersza El diablo (Diabeł) z tomu Temps era temps wynika, że odczytać język rzeczy to zrozumieć ich prawdziwą naturę, gdyż język ten jest ich inherentną, nieodłączną częścią, ich istotą:

...El lenguaje de la palma no es un lenguaje
Por lo menos no articulado.

El lenguaje es inherente a ella.
Como el verde a la hoja.
El lenguaje
-Su vibración-
Mana de ella,
De su esencia,
Su substancia.
(...) (2013a: 201)


…Język palmy to nie język
A przynajmniej nie wypowiedziany.
Język jest jej inherentną częścią
Tak jak zieleń jest nieodłączna od liścia.
Język
Jego wibracja
Wypływa z niej
Z jej istoty
Jej sedna.
 (...) (2013a: 201)

Przyroda nie jest zatem językiem symboli, ponieważ symbol jest arbitralny i odsyła do rzeczywistości zewnętrznej. W twórczości Winstona Moralesa język – przeciwnie – jest inherentną częścią elementów świata materialnego i odczytać ten język to poznać prawdę o danej rzeczy. Dlatego też świat przyrody pozwala zrozumieć Aniquironę, która uosabia poznanie istoty rzeczy:

(...)
A través de la interminable,
De la imperecedera
De la futurista naturaleza
Te veo tal como eres. (Aniquirona, poema IX, 2015: 22)

(…)
Poprzez niekończącą się
Nieprzemijającą
Futurystyczną naturę
Widzę cię taką, jaka jesteś. (Aniquirona, wiersz IX, 2015: 22)

To dążenie do osiągnięcia poznania wykraczającego poza wymiar materialny można interpretować jako próby spojrzenia dalej niż na cienie na ścianie jaskini Platona i odwrócenia się w stronę światła, aby zobaczyć to, co prawdziwe – dla Platona ideę – a nie tylko jej odbicie, odpowiadające wymiarowi fizycznemu, na którym skupia się współczesny światopogląd naukowy, nierzadko zapominając o żródłach języka.






Podsumowanie

Poezja Winstona Moralesa Chavarro odwołuje się do szeroko pojętych ezoteryki i okultyzmu, by we współczesnym świecie ocalić wymiar duchowy i wykroczyć poza powierzchowne koncentrowanie się na świecie materialnym. W tym celu poeta posługuje się uważną obserwacją otaczającego go świata, aby dotrzeć do prawd, których źródło znajduje się (i być może jednocześnie nie znajduje się) poza wymiarem fizycznym. W twórczości kolumbijskiego poety przyroda nie jest językiem symboli: nie odsyła do rzeczywistości zewnętrznej – wymiary niematerialne również nie są rzeczywistością zewnętrzną, ale częściami składowymi jednego świata, postrzeganego w sposób całościowy (znajdują się w tym) – ale posiada inherentny język będący jej integralną częścią. Odczytać ów język to wyjść z jaskini Platona, poznać prawdziwą naturę rzeczy, ujrzeć prawdę o niej, nie tylko jej odbicie w świecie materialnym. Całkowite poznanie nie jest możliwe dopóki nie nastąpi śmierć fizyczna, jednakże, dopóki trwa życie ziemskie, można dokonywać prób zgłębiania innych wymiarów, aby dostąpić poznania choć częściowego, by ocalić aspekt duchowy przed światopoglądem naukowym, którego dominacja we współczesnym świecie sprawia, że człowiek zapomina o korzeniach swej natury i może prowadzić – poprzez nadmierną technicyzację i technologizację – do utraty istoty człowieczeństwa.


Bibliografia

a)      Literatura podmiotu

1.      MORALES CHAVARRO, W. (2013a): El diablo, en: L. Gutiérrez Riveros, N. Romero Guzmán, W. Morales Chavarro, H. Vargascarreño, A. Berger-Kiss (eds.), „Mientras el tiempo sea nuestro”, Bogotá: Ediciones Exilio, ss. 201-202
2.      MORALES CHAVARRO, W. (2013b): El lenguaje, en: L. Gutiérrez Riveros, N. Romero Guzmán, W. Morales Chavarro, H. Vargascarreño, A. Berger-Kiss (eds.), „Mientras el tiempo sea nuestro”, Bogotá: Ediciones Exilio, s.165
3.      MORALES CHAVARRO, W. (2015): La Dulce Aniquirona, Cartagena de Indias: Comunicadores UdeC

b)      Literatura przedmiotu

1.      Bible Gateway: Nueva Versión Internacional, Cantar de los cantares, https://www.biblegateway.com/passage/?search=Cantares+1&version=NVI [dostęp: 07.11.2016]
2.      Biblia Tysiąclecia, Pieśń nad Pieśniami, http://biblia.deon.pl/rozdzial.php?id=585 [dostęp: 25.02.2017]
3.      CASSIRER, E. (1987): Antropología filosófica. Introducción a una filosofía de la cultura. México: Fondo de Cultura Económica, s. 126
4.      ESTÉBANEZ CALDERÓN, D. (2004): Mística, w: idem, „Diccionario de términos literarios”, Alianza Editorial, ss. 677-680
5.      LÉVI-STRAUSS, C., Pensamiento “primitivo” y mente “civilizada”, http://www.internet.com.uy/arteydif/SEM_UNO/PDF/pensamiento.pdf [dostęp: 07.11.2016]
6.      MORALES CHAVARRO, W. (2011): La ciudad de las piedras que cantan, Ibagué: Caza de Libros
7.      MORALES CHAVARRO, W. (2008): Poéticas del ocultismo en las escrituras de José Antonio Ramos Sucre, Carlos Obregón, César Dávila Andrade y Jaime Sáenz, Bogotá: Trilce Editores




[1] Oryg.: “Antes de categorizar el mundo y antes de sistematizarlo, la poesía era la única ciencia y también la única religión. Podemos afirmar que la poética estaba inmersa en saberes tan antiguos como la astrología y la alquimia, madres de la astronomía y química modernas”.  (Morales Chavarro 2008: 18). Wszystkie tłumaczenia fragmentów dzieł kolumbijskiego poety pochodzą od autorki niniejszego tekstu.
[2] Oryg.: “La poesía nace como una forma de explicar el mundo, como una manera de interpelar al otro, así este otro sea invisible o divino –la poética significaba una comunión con fuerzas extraterrenales y extracorporales–, un apelar a la escritura para narrar no sólo las cosas de la lógica humana, sino aquellas que se escapaban a toda explicación racional o simbólica”. (Morales Chavarro 2008: 18)
[3] Oryg.: „Cada elemento del macrocosmos está conectado de manera inexplicable –para los ojos de lo racional– con cada partícula del microcosmos (lo humano). (Morales Chavarro 2008: 20)
[4] Oryg.: “La escritura se ha tecnificado, se ha vuelto racional, ha perdido su lenguaje primario, el lenguaje cifrado que le conectaba con el orden de lo sublime, con la esencia de sus sonoridades y expresiones”. (Morales Chavarro 2008: 24)
[5] Oryg.: „Il y a un autre monde mais il est dans celui-ci”. (P. Éluard, cytowany przez: Llewelyn J. (2009): Margins of Religion: Between Kierkegaard and Derrida, Bloomington: Indiana University Press, s. 452)   Hiszpańska wersja tego cytatu, przywołana przez kolumbijskiego poetę (”Hay otros mundos, pero están en éste”) sugeruje, że chodzi o więcej niż jeden świat, mimo że w wersji oryginalnej ten rzeczownik występuje w liczbie pojedynczej.
[6] Za Nueva Versión Internacional.
[7] Za Biblią Tysiąclecia.








IX (z tomu ¿A dónde van los dias transcurridos?)

Gdy wieczór rozszczepia czereśni drzewo
Tylko okno pozostaje,
Przepaść niewielka, co wygląda za horyzont.
Każdy pąk owocu jest jak alkowa na firmamencie,
Okazała sypialnia,
Gdzie drżące mijają lata.
W tych pokojach chłonie się świat,
Woń owoców, co nie więdną,
Co uparcie wciąż perfumują noc.
Z tego okna widzę, jak śpiewają ptaki
I myślę, że życie wciąż jest piękne, by razem z nimi zapłakać.



XVII (z tomu Camino a Rogitama)





TEZEUSZ

Ariadno,
Co poprzez sen
Labirynty uplotłaś wśród cieni,
Co me ciało cudzoziemca obszyłaś
Tysiącem wątków, komet i dróg,
Domów sto utkałaś, by przeżyć tę śmierć
Co marzy o życiu mniej żmudnym.
Ariadno
Kilometry muzyk i sfer
Ważek, żywic i strof,
Ariadno metaliczna
Tak dla bryzy i deszczu gościnna,
Dla pulsowania gwiazd.
Ty, co poprzez sen
Wierzchem zesłałaś
Kamienie i chrząszczy blask,
Co poprzez język i splot konopny twych furii
Nakreśliłaś wiersze czytelne w tym życiu
I w tym drugim, którym nie żyłaś jeszcze
I w tej śmierci
I w tej drugiej mniej żmudnej
Co wciąż uparcie zwleka.
Ariadna
Córka Minosa, Króla Krety,
Prządka milczeń i ech
Ariadna i jej poszukiwania bezustanne
Czemu uparcie wciąż snujesz opowieść w mej pamięci?


XVII (Z tomu Temps era temps)





ŚMIERĆ

…Mężczyzna słucha jazzu w swym biurze,
To może być on,
Ale jest kimś innym.

Mężczyzna wytęża słuch,
Wsłuchuje się w śmierć,
Przenika odbicie muzyki pradawnej,
Przebrzmiałej.

Mężczyzna widzi swą śmierć poprzez muzykę
Autumn Leaves,
Ahmada Jamala.
Muzyka zawsze tak pachnie,
Przywołuje woń,
Esencję,
Brzmienie, co duszę zagłusza.

Muzyka łamie, co nie do pokonania
Burzy, co nie do złamania
Śmierć jest muzyką,
Powrotem tam, gdzie ścieżki.

Mężczyzna słucha jazzu w swym biurze,
Być może to on,
Ale jest kimś innym,
To wie na pewno.

Arpeggio uderza go w twarz,
Kruszy zęby.
Pewna muzyka,
Pewna piosenka,
Pewien mężczyzna.
Śmierć strzeże swych sekretów,
Pyrrusowych zwycięstw...


XX (z tomu De regreso a Schuaima)





SEN

Z tej samej materii, z której przędzione są sny
Me życie jest zawieszone
Na nici światłocienia magicznych wizji.
Tak mówił Szekspir
I Calderón, i Holberg, i Zhuangzi;
Życie jest snem,
Może wielowiecznym odbiciem gwiazdy
Której światło
Tylko w tej nocy godzinie
Nasze świece rozpala
Czy też echa najbardziej milczące.
Nieopodal
W ogrodzie jedwabistych jabłoni,
Gdzie cień i zwierciadło grzęzną
Znajdują się innych zwidzenia
Sny tego, który drzemie,
Trzoda tego, który przędzie za nas.
Czym bardziej czytelny sen
Tym pewniejsze istnienie i obraz Tanatosa.
Nagietki, noc
I wszystko, na co patrzę
Postrzegam poprzez optykę i jej taflę
(kosmiczny i uświęcony kontekst snów).
Rozliczne energie podróży
Nabierają życia na jawie
I mieszają się,
Jak zapach z Golgoty lub z Chin
Którego esencja jest bardziej żywotna
W godzinie Plejad i świerszczy.
Z lekkością totalności,
Z powolnością wieczności,
Z lotnością eteryczności
Tak sen przychodzi do nas:
Semicki ptak
Co czasem przysiada na ramionach lub głowach
I nasze imiona powtarza
Jakby pamięć
Była Sezamem
Który dawno temu zamknęliśmy.







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