domingo, 19 de mayo de 2013

HERCULES






HÉRCULES 

Onfale

Reina de Lidia 

Ninguna boca pesa más que la tuya 

Ningún beso me doblega más que el beso tuyo 

Ningún abrazo, Onfale, 

-Ni siquiera el León de Nemea- 

Me asfixia como un abrazo 

De tu lecho titánico 

Tu lecho bárbaro, 

Dionisiaco hasta la muerte. 

Ningún cuerpo me envuelve, 

Me sujeta, 

Me despoja, 

Me lleva al borde del suicidio 

Como tu cuerpo Onfale 

Hidra de Lerna, Jabalí de Erimano. 

No vale prender fuego 

A los cañaverales de la noche, 

No vale correr desnudo 

Por el Monte de Ménalo 

Todo se turba, 

Todo se contrae ante tu tacto, 

Tus muslos 

Saliva mía, 

Paladar de corza de Cerinea. 

Onfale 

Muchacha de la rueca 

Ningún río posee la fuerza, 

Ningún afluente el curso: 

El mismo Alfeo se desborda ante tus manos, 

A tus pies que recorren las orillas del abismo. 


Onfale 

Ningún corazón retumba como el tuyo 

Ningún címbalo de bronce se retuerce en el Tártaro 

Ningún pájaro monstruoso me fracasa. 

Ni el Toro de Creta, las Yeguas de Diomedes, 

El Cinturón de Hipólita, los Bueyes de Gerión 

Me desenfrenan, me nublan, 

Me dilatan 

En este acoso mío de buscarte 

De hallarte indómita en la arena 

Desnuda como el río: 

El eterno devenir de lo que fluye.




 

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