jueves, 17 de abril de 2008

Poéticas del Ocultismo

Apreciados amigos


El 23 de abril, en el Aula Máxima de Derecho de la Universidad de Cartagena, a las 5:15 de la tarde, se llevará a cabo la presentación de mi nuevo libro Poéticas del Ocultismo en las escrituras de José Antonio Ramos Sucre, Carlos Obregón, César Dávila Andrade y Jaime Sáenz, publicado bajo el sello de Trilce Editores.
Están Cordialmente invitados
Hora: 5:15.
Lugar: Aula Máxima de Derecho, Universidad de Cartagena, sede San Agustín
Día: 23 de abril de 2008.

El despertar de los volcanes


El despertar de los volcanes

Winston Morales Chavarro

Alguna vez Chavela Vargas, símbolo del mestizaje y la resistencia cultural del pueblo mexicano, expresó que así como los volcanes del continente –el Nevado del Huila, entre otros- estaban despertando, así mismo los ciudadanos latinoamericanos debían despertar.


Lo del Nevado del Huila puede representar, como en su momento lo fue la Caverna de Platón, una alegoría que resignifique el imaginario cultural del pueblo opita.
Creo que ha llegado la hora de resignificar y replantear, a través de los fenómenos políticos y sociales, la realidad de un pueblo que ha sido orientado-desorientado desde el poder.

El Huila despierta, después de cien años de historia, de una cultura seudofeudal, diseñada desde el centro, programada desde intereses personales, de partido; el Departamento ha sido repartido, fraccionado, categorizado por lógicas de carácter ideológico. Conservador en unos lados, liberal en otros, el Huila se piensa fragmentado, se articula por secciones, por demarcaciones geográficas definidas por el color, fenómeno que se repite en otros departamentos y localidades del país.

Sin embargo, a la hora de construir, de pensar, ciertos departamentos, quizás con una historia similar a la del Huila, edifican desde una colectividad, razonan desde un todo. No es posible concebir el progreso desde la lógica individualista y personal. Un apellido en Colombia puede perpetuarse por espacio de doscientos años. En el Huila corremos el riesgo de que suceda lo mismo. Por eso estamos tan quedados, tan, en relación a otras ciudades periféricas del país, atrasados, tan anquilosados en un pasado que ya no existe, negados a las dinámicas de la cultura, de espaldas a la heterogeneidad simbólica de las nuevas tecnologías, enfrascados en una definición de cultura, memoria e identidad.

Los movimientos telúricos son necesarios, imprescindibles. El Internet, por ejemplo, ha replanteado y resignificado los conceptos que teníamos de espacio, tiempo, afecto, relación, comunicación, periodismo. El Internet, desde el punto de vista tecnológico, ha sido un volcán: marca rupturas, quiebres, intersticios. Lo mismo sucede, debe suceder, con el Nevado del Huila. Ese quiebre, ese movimiento, esa sacudida debe provocar un cambio de lógica en el pensamiento del ser huilense (definido, desde afuera, como un pensamiento lento, parsimonioso, vago).

El ser huilense, el individuo opita, debe tratar de ser un hombre histórico, comprometido (o por lo menos cercano) con los fenómenos culturales y sociales del Departamento. Las riendas de la región, el presupuesto de la región, las regalías, los beneficios, las riquezas de la región, no pueden ser explotados por unas minorías, por un apellido deseoso de perpetuarse. Esa política excluyente, sectaria, está mandada a recoger hace rato. No podemos seguir jugando en los terrenos de la premodernidad mental. O maduramos o desaparecemos. La competitividad de una región se mide por los alcances colectivos, comunes, populares. Lo telúrico es sinónimo de progreso.






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