domingo, 21 de octubre de 2007

Metafísica



Metafísica


Winston Morales Chavarro

1 Todos los seres humanos somos energía pura. Se podría hablar de un haz de luz viviendo una experiencia humana. Somos bombillas, esa es la palabra. Somos grandes reflectores, pequeñas lucecitas de aguinaldo. La experiencia humana consiste en habitar un cuerpo –no importa si femenino o masculino, eso es un accidente- y vivir en luz propia la vida; salir de las sombras, alumbrar poquito, mucho, nada. Eso somos todos, bombillas, lámparas, enormes faros. Se puede decir que Martín Luther King fue un gran reflector. Lo mismo puedo decir-digo de Wagner, Apuleyo, Beethoven, Mozart, Milosz. También hay luces diminutas: Tony Blair, George Bush, Ariel Sharon. BOMBILLAS DIMINUTAS QUE ALTERAN LA VERDADERA LUZ, EL DESENLACE DE LO LUMINOSO, EL RESPLANDOR ETERNO HACIA LA MUERTE.-

2 La energía no tiene sexo, sólo reverberaciones calóricas. La energía, como todo lo que subyace sobre la tierra –y debajo de ella-, vibra, se mueve. La energía busca un motor, una caja toráxica. El arrojo suprafísico entra en la carne –una experiencia humana-, crece, se explaye. Si esta energía se desarrolla debidamente, si ese cajón de vida logra ciertas alturas, el género, masculino o femenino –otro accidente-, adquiere una dimensión de luz que se traduce en la vida terrestre, inmediata, en la realidad tangible del ahora. Planck, Heisenberg, Einstein, Eddington. Esa luz, esos gránulos de fosforescencia humana, iluminan el mundo, generan cambios de conciencia, rupturas en el metabolismo animal. Se entra a una nueva dimensión, la del hombre por el hombre, la de la mujer por la mujer, la del género por el género.-

3 El amor no tiene rostro. No posee criterios ni razonamientos humanos. El amor es supraterrestre o extraterreno, dirán los ufólogos. El amor es energía, todo en el universo lo es, y como energía pura busca sus correspondencias. En el plano de lo físico, esta energía, la del amor, se sincroniza con otra cualquiera y se funde, se acopla, se vuelve una sola. El ser humano no sabe de esto, juzga demasiado rápido, disecciona la intersección. En la dimensión exacta de todo lo que se habla y se escribe, no existe el amor como limitación, como justificación mental. El amor es por sí y para sí, como la literatura, existe, vibra, se mueve en el espacio externo al ser humano –también en su interior-. No existe, como energía, en la reducción del hombre y la mujer, en sus aspectos meramente corporales o físicos. Alguien diría que el amor más grande es el de una madre hacia su hijo. Nada más falso que esto. El amor no sabe de esto, no diferencia entre madre, hijo, esposo, amante. El amor no tiene sexo, no se sabe heterosexual, homosexual, intersexual, no tiene problemas con ese tipo de cosas, no se sabe correcto o incorrecto, simplemente vibra. No se sabe situado en lo bueno o lo malo, en lo que está bien o en lo que está mal. El amor es.-

4 El cerebro del hombre, su corazón y sus manos son propulsiones eléctricas. Todo en él, dentro y fuera de él, descarga externa, pila sensitiva en la coraza del ser animal. Los actos criminales vienen de esa bujía. También los actos más elevados. De allí, de ese lugar, del mundo-pensante, del sujeto-universo, de lo claro y oscuro, viene la descarga, el disparo divino o maldito, ¿existe alguna diferencia?

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